Me apropio de imágenes tomadas de fuentes
como la iconografía religiosa, la cultura popular, en su mayoría las
películas de “terror” y las re-contextualizo. Trabajo a partir
de oposiciones, esta interacción produce un tercer elemento, un híbrido, que ocurre
en la mente del espectador. Juego con las imágenes provenientes en gran parte
de libros y enciclopedias antiguas, después las pinto trasponiéndolas y
suspendiéndolas en un mismo soporte, donde su proximidad pervierte el sentido
de diferenciación que cada una de ellas reclama habitualmente. Este es un
método para “sincretizar”. El "contacto" cultural tiene un filo, un
contexto que lee en términos de relaciones de poder, colocando en primer plano
cuestiones de dominio, resistencia y desafío. La obra representa una situación dolorosa, los encuentros siempre
tienen implicaciones satíricas.
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